¡Algo tiene gustarte seguro! Así sea una sola cosa, un detalle mínimo, un paisaje, alguna costumbre, una comida… ¡Algo!
Es vital encontrar “ese algo” aquí. Quererlo, agradecerlo, practicarlo. Cuando comenzás a alimentar el círculo de positivismo enumerando los aspectos que más te agradan de tu vida en Alemania, inevitablemente aparecen muchos más de este tipo.

Al llegar a un nuevo lugar las comparaciones poco saludables y el pensar en todo lo que aquí no tenemos es moneda corriente. Es tanto lo que dejamos atrás al partir que se torna inevitable hacer referencia una y otra vez a aquello que nos falta. Por eso te desafío a que mires a tu alrededor y te encariñes con tu nuevo entorno, porque te aseguro que vas a necesitar que te gusten muchas costumbres de aquí para poder pasarla bien y amigarte con todo lo nuevo que se te presenta.

Desde el comienzo he encontrado muchos buenos motivos para sentirme afortunada de vivir donde vivo. Mi amor por Freiburg fue y es sin duda una gran razón para querer estar aquí.
Otras tantas fueron apareciendo con el tiempo, ya no recuerdo bien cómo ni cuándo, pero al día de hoy debo confesar que me encantan muchísimos aspectos de la cultura alemana, muchos más de los que podría haberme imaginado, incluso aspectos que en un primer momento fueron motivo de rechazo.

Vamos ahora sí con mis preferidos:

● LOS DETALLES CASEROS. Soy fan de todo lo que sea “selbstgemacht”. Eso sí que no me lo esperaba de los alemanes y me sorprendió muy gratamente. Por momentos tengo la sensación de que llevan un pequeño artesano dentro, de que todos han desarrollado algún tipo de habilidad, ya sea trabajar en el jardín, tallar madera, cocinar como profesionales, tocar un instrumento, reparar bicicletas… La cuestión es que muchos alemanes tienen la bella costumbre de agasajarte con algo hecho por ellos mismos. Si te invitan a comer a su casa, la comida indefectiblemente es casera. Aquí no vale eso de “venite que pedimos unas pizzas”. Aquí te cocinan y te cocinan muy rico. Y si una es la que invita, siempre te van a preguntar qué pueden traer, y no es para nada raro que te sorprendan con un buen postre de elaboración propia.
Y las tarjetas… ¡qué belleza las tarjetas! No es habitual entregar un regalo sin dedicarle al menos algunas líneas al agasajado. Hay tarjetas divinas para cada ocasión y los alemanes son expertos en darle buen uso. Elaboran frases personalizadas encantadoras y muchas veces juegan a formar palabras con las letras de tu nombre. Ya me había desacostumbrado a recibir cartas y tarjetas tan lindas y aquí volví a familiarizarme con esta costumbre que me encanta.
Otra habilidad manual en la que se destacan: la manera en la que presentan los regalos. Los alemanes se ocupan incluso de envolver los regalos ellos mismos, y los más creativos y sofisticados los he visto en las fiestas de casamiento, donde por lo general se suele obsequiar dinero, pero, en lugar de hacer como nosotros una simple transferencia bancaria, ellos son capaces de construir una maqueta de una isla paradisíaca con moneditas.

● ANDAR DESCALZA. ¡Los alemanes aman estar descalzos y yo también! En el recibidor de las casas suelen tener un banquito y varias pantuflas para los invitados y resulta de lo más común que al recibirte te inviten a dejar los zapatos. Debo confesar que al principio me chocaba un poco, no siempre tenía ganas de descalzarme en casas ajenas y me incomodaba el saber que no tenía opción. Con el tiempo empezó a gustarme cada vez más la idea y actualmente aplico esta regla rigurosamente en mi propia casa. La razón es simple: es cómodo y práctico. De esta forma, claramente la casa se ensucia menos. No es de extrañar que detrás de toda costumbre alemana haya una razón pragmática que le otorgue sentido, porque si hay algo que he aprendido en estos años es que los alemanes son bien pragmáticos.
Pero este asunto de andar descalzos no se limita al hogar. En los parques públicos se ve a gente de todas edades literalmente en patas. Cuando los niños van al jardín de infantes llevan sus propias pantuflas e incluso en la escuela primaria es habitual sacarse el calzado antes de ingresar al aula. Asimismo, en algunos ámbitos laborales más relajados, puede verse algún que otro que no lleva calzado y en verano no es de extrañar que también salgan a la calle así, “barfuß”.

● EL VERDE. Sí, Alemania tiene mucho más verde de lo que me podría haber imaginado. Adoro sus bosques, sus lagos, sus montañas y encontrarme bellas flores por doquier. No es casual que el “Wanderung” figure como uno de los deportes más populares entre los alemanes. Nada más lindo que perderse por un camino rodeado de árboles varias horas, caminar respirando aire puro y escuchar solamente el cantar de los pájaros.
En Alemania descubrí cuán importante es para mí estar en contacto cotidiano con la naturaleza. Amo vivir en una ciudad verde y poder estar sola en medio de un bosque con tan sólo caminar unos minutos.
Aquí aprendí a valorar los días de sol de una manera inexplicable y a apreciar y disfrutar mucho más las estaciones del año. El verano es sagrado. El otoño tiene los colores más bonitos. El invierno fue como descubrir una nueva estación para mí. No tiene nada que ver a mis inviernos pasados en Argentina. El invierno es duro, oscuro y largo. Pero el invierno me regala también paisajes de cuentos, la posibilidad de esquiar y de andar en trineo. En el invierno puedo sentir los copos de nieve en mi cara mientras el resto de mi cuerpo está sumergido en agua caliente. Te aseguro que los complejos termales pueden cambiarte la vida en invierno. Y porque todo eso es el invierno, es que la primavera es la estación más esperada, mi preferida por siempre.

Puedo seguir con muchos más ejemplos, pero me temo que mi lista es infinita y no quiero aburrirte. ¿Qué tal si ahora la lista la completás vos? Me encantaría que me cuentes qué es para vos lo más lindo de vivir en Alemania 🙂

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