Alemania me desnudó

Mujer feliz disfrutando la vida en las montañas de Alemania

Junio 2011, comenzaba el verano en Alemania. Dos meses habían transcurrido desde mi llegada a Tierras germanas. Íbamos en bici rumbo a un lago en las afueras de Freiburg. A medida que nos acercábamos, notaba que había gente sin traje de baño tomando sol en la orilla. Mis ojos no podían dar crédito de lo que veían. Aún con ciertos metros de distancia, desde mi bicicleta, miraba atónita. Entonces le pregunto a él: – ¿Están desnudos? – No, la malla debe ser color piel, – me responde. Seguimos andando. Nos acercamos cada vez más. Y ahora proclamo con firmeza: – ¡O todos se compraron la misma malla color piel o están todos en bolas!

Ese fue mi primer acercamiento con la desnudez en Tierras germanas. Uno de los grandes choques culturales. Esos momentos donde una se queda boquiabierta y hace un esfuerzo sobrehumano para comprender la naturalidad con la que los locales viven esa experiencia.


Nueve años más tarde, debo confesar que nadar desnuda es uno de mis más grandes placeres veraniegos. Disfruto del roce del agua en cada milímetro de mi piel. Amo sentirme libre. Adoro poder gozar desprejuiciada con los cinco sentidos. Aunque asimismo confieso, que la desnudez aún la disfruto exclusivamente en la intimidad. Busco las horas más tempranas del día o los atardeceres, cuando hay poquita gente. Prefiero los recovecos inhóspitos. Prefiero disfrutarla yo. 25 años viviendo en Argentina, sumados a mi herencia genética española e italiana, ejercen aún su peso. Voy de a poco. Aprendí que la clave es dejarse sentir, transitar el proceso sin apuro y disfrutar cada paso. Quizás en unos años, quién te dice, no lo se. Tampoco me interesa saberlo.

Hasta aquí la desnudez en el sentido más literal del término.

No obstante, bien sabes tú mujer bella que a Alemania he venido a experimentar una desnudez todavía más profunda, muuuuucho más profunda. La desnudez del saberme vulnerable, de estar totalmente desprotegida, vacía de todo aquello que me proporcionaba confianza y seguridad. Una desnudez brutal, que te asusta, te abruma, te atropella. Una desnudez totalmente desconocida, incómoda, indescriptible. Una desnudez que te deja a “carne viva” y te coloca en el “peor lugar”, que te hace sentir “pequeña”, “indefensa”, “dependiente”, “inferior”.

Alemania me llevó al extremo. Me hizo, de algún modo, tocar fondo. Y ahí justamente reside lo maravilloso de esta experiencia que en un primer momento parece únicamente devastadora. Cuando te encuentras en lo más profundo del pozo, cuando todas las capas de tu piel te han sido arrancadas, cuando te han arrebatado todo, no queda más que reconstruirte y empezar a elegir (quizás por primera vez en la vida) con que prendas quieres cubrir tu piel.

La verdadera elección, la verdadera VIDA me atrevería a decir, comienza el día que puedes decidir con libertad, sin preocuparte por el “qué dirán”, sin aferrarte a los roles a través de los cuales solías definirte ni a las “etiquetas” impuestas por el mundo externo.

Entonces esta experiencia, hasta ahora devastadora, puede convertirse poco a poco en una extraordinaria oportunidad para conectar con tu ser más profundo, para hacerte aquellas preguntas que no te habías hecho hasta ahora, para cuestionarlo todo, para empezar a elegir de verdad, con consciencia, escuchando a esa sabia vocecita que te susurra desde bien bien bien adentro.

Si eres lo suficientemente valiente como para recorrer este camino, algún día te toparás inevitablemente con uno de los pensamientos más atormentantes que aparecen en suelo germano: “Aquí siento que no soy nadie”. Entonces te permitirás formular la pregunta más temida (y más maravillosamente poderosa): ¿Quién soy? Y si quieres ir un paso más allá te harás la pregunta verdaderamente esencial y transformadora: ¿Quién quiero ser?

Y sí, lo se, se muy bien que no es una pregunta sencilla, que no se responde de un día para el otro. Se bien que esa pregunta trae aparejado un gran proceso de autoconocimiento. Pero asimismo se bien que es el único camino que nos lleva a sentar nuevas bases de autoconfianza, bases reales, auténticas, inquebrantables que nos permiten sentirnos confiadas y seguras sin depender del feedback que nos proporciona el mundo externo.

Puede que a lo largo de este camino muchas veces sientas que estás perdiendo mucho (incluso que estás perdiéndote a ti misma también), puede que ofrezcas resistencia y te aferres a todo aquello que te proporcionaba confianza en tu país de origen. Puede que intentes “transportar” esos elementos de seudo-autoconfianza aquí. Entonces te esforzarás por aprender el idioma alemán a la perfección, te esforzarás de manera descomunal para intentar sentirte finalmente “cómoda”, “segura”, «confiada», haciendo lo imposible para “pertenecer”. Puede que lo intentes todo por diversas vías, pero te aseguro que la confianza en ti misma no llegará hasta que no te animes a tocar fondo, a ir bien profundo, a cuestionarte lo suficiente y a conocerte lo necesario como para poder responder a quién quieres ser.

Y aunque parezca un camino largo, complejo, algo enredado, quiero que sepas que se trata en realidad del camino más auténtico, del único y verdadero camino, porque transitar una crisis de identidad es, a fin de cuentas, una verdadera bendición. La bendición de reconstruirte, redefinirte, reinventarte. La bendición de responder consciente y sinceramente a las preguntas que hasta ahora jamás te habías atrevido a hacerte. La bendición de darte tiempo, de aprender a escucharte, de conocerte en profundidad, de tratarte compasivamente y de reconocerte en el proceso. La bendición de darte valor, de experimentar confianza y seguridad, esta vez, por ti misma.

Recuerda que siempre tienes libertad para elegir. Que puedes volver a empezar. Que puedes reconstruirte a ti misma. Que puedes proporcionarte todo aquello que solías buscar en el afuera. Que puedes elegir, en definitiva, con qué prendas cubrir tu cuerpo desnudo. Porque si de algo no escapas aquí en Alemania, es de verte desnuda, real, literal y metafóricamente.

Te acompaño amorosamente en este bello recorrido, lleno de autodescubrimiento, emociones encontradas, verdades reveladas y un sinfín de “clicks internos” que nos conducen finalmente a reencontrarnos con la mujer segura, confiada y auténtica que siempre has querido ser. Porque he estado allí, he transitado el proceso y me he transformado durante el mismo, hoy puedo asegurarte que recorrerlo no vale la pena sino la alegría.

Con amor, Gabriela

PS: Descubre cómo puedo acompañarte en este recorrido aquí

4 comentarios

  1. Querida Gabriela,

    me encanta leerte. Y te sigo animando a que un día escribas un libro con el que tantas nos sentiremos tan identificadas 🙂

    Alemania para mí fue como empezar una nueva vida. Venía de una familia superprotectora, con todas las comodidades y todo al alcance de mi mano. Si quería algo, sólo tenía que pedirlo y ya lo tenía. Y cuando llegué aquí fue como un terremoto. Todo se vino abajo. No me sentía yo, mi humor desapareció, no encontraba gente con la que me sintiera a gusto. Me sentía desprotegida, vulnerable, triste, enfadada y con muchos complejos. Llegué a sentirme una ciudadana de 3º categoría. Soporté humillaciones, miradas desafiantes, comentarios insoportables y llegué a un punto que quería irme y volver al lugar donde todo era más sencillo y en el que nunca me había sentido así.

    Aquí saqué fuerzas que no sabía ni que tenía, me caí y me levanté 1000 veces, lloré, grité, maldecí, me enfurecí, aguanté y seguí adelante. Me esforcé y aprendí alemán porque como bien alguien me dijo una vez «aquí si no gritas te pisan, así que aprende a defenderte y aprende bien el idioma para que te respeten» y eso es lo que hice. Lo aprendí, hice mis primeras gestiones en el banco, luché y grité con mi casera para que prolongara el contrato del piso, respondí a los comentarios hirientes y seguí adelante (pero ahora sí, con la cabeza más alta). Desde ese momento supe que aquí tenía un cometido, venir aquí no fue casualidad y de eso me estaba dando cuenta en ese momento. Tenía que eliminar mis dependencias familiares, luchar por mi misma, buscar mi camino, conseguir ser quién quería ser, dejar de compararme con amigos que se habían quedado en España y seguir seguir seguir.

    A día de hoy y gracias a Alemania y a su duro proceso encontré la profesión que me apasiona, ser profesora. En España nunca hubiera pensado serlo y muchas veces pienso que todo este camino se traducía en encontrar una profesión que me hace muy feliz. En el terreno personal si no hubiera venido a Alemania nunca me hubiera conocido realmente a mi misma: mis miedos, mis dudas, mis prejuicios, mis debilidades y lo que es seguro nunca hubiera sido tan agradecida y hubiera valorado todo lo que tengo y tenía.

    Estoy segura de que nuestro camino por estas tierras nos está enseñando el verdadero sentido de nuestra existencia y todo lo poderosas que somos para lograr todo aquello que siempre y aún sin saberlo hemos anhelado.

    Un abrazo,
    Elena

    1. Elena querida,
      ¡Gracias por compartirte!
      Qué placer leerte y saberte así 🙂
      Honro tu historia, tu proceso de transformación, tu búsqueda incansable, el atreverte a conocerte a ti misma en profundidad, tus ansías de evolución, tu determinación y tu capacidad de resiliencia infinita.
      Eres luz, eres inspiración, eres fuerza… Y eres, por sobre todo y ahora más que nunca, lo que tú eliges ser, creadora de tu propio camino.
      Te acompaño en este recorrido de innumerables aprendizajes, de entrega a la vida, a empaparnos del verdadero sentido de nuestra existencia, el que suele llegar desde los lugares más incómodos, y que finalmente no podemos más que agradecer.
      Abrazo enorme, Gabriela

      PS: Intenciono fuerte la llegada de ese libro

      1. Querida Gabriela,
        Te sigo en Instagram y sólo hasta esta semana he entrado a tu website y leído varias de tus lindas reflexiones….. he llorado y me he reconocido en tus palabras, como si fueran las mías. Leerte me ha ayudado a limpiar todo mi ser. Gracias desde el fondo de mi corazón! Ha sido una terapia leerte! Ahora entiendo que esto no sólo me pasa a mi…. que es un proceso que requiere fortaleza, humildad y paciencia… muuuucha paciencia, muuucha humildad y muuucha fortaleza….
        Saber que se puede desde el amor y la comprensión contigo mismo me da paz y esperanza 🙂

        1. Qué lindo saberte así, limpiando tu ser, sanando, comprendiendo…
          Qué bonito todo lo que me compartes!!

          Te abrazo fuerte fuerte fuerte en este proceso que sin duda requiere de una alta dosis de amor ♥️

          Estoy aquí para ti, para acompañarte, para ayudarte a ponerle palabras a tu sentir, para descubrir y transitar esos aprendizajes tan maravillosos que nos ofrece Alemania y que a simple vista se presentan como desafíos imposibles, pero que en el fondo no son ni más ni menos que una invitación a reconectar con nuestra verdadera esencia 🙂

          Gabriela

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