Creer en mí lo cambió todo

Las claves para dar el salto: confianza e intuición

No fue de la noche a la mañana, me lo pensé bien, le di mil vueltas al asunto, lo medité durante 9 meses, ahorré el dinero necesario y finalmente presenté mi carta de renuncia. Renuncié a un trabajo (supuestamente) bueno, seguro, estable. Pero renuncié, en primera instancia, porque jamás me hubiera perdonado a mí misma el no haberlo intentado.

Mi trabajo era en verdad muy lindo: asistía principalmente a mujeres inmigrantes en sus procesos de integración y crianza, tenía horarios flexibles, podía tomarme vacaciones cuando yo quisiera, gozaba de un sueldo acorde a mi labor y la dosis de estrés se había reducido notablemente en comparación a los primeros tiempos.

Será que “el trabajo desafiante” de los inicios ya estaba empezando a sentirse cual “zona de confort”; será que 5 años trabajando dentro del sistema alemán, en la misma empresa, con los mismos compañeros, se tornaba un poco rutinario; será que mis ganas de crear, innovar, salir de lo cotidiano estaban pidiendo pista… Fueron muchos factores los que sin duda se conjugaron para llevarme a tomar esta decisión, pero fue también con certeza mi intuición

Por aquel entonces la voz de mi alma me hablaba cada vez más fuerte. Casi no me daba elección. Y yo que la había ignorado durante años, ahora de algún modo me aventuraba a brindarle una oportunidad. Ya no se trataba de hacer cálculos, considerar ventajas y desventajas, ni ningún otro tipo de explicación racional, sino de confiar y accionar con la certeza de estar en el camino correcto.

Mi dosis de autoconfianza venía aumentando y me animaba a soñar cada vez más a lo grande. Reponerme a una separación y comenzar sola una nueva vida en Alemania me había convertido en una mujer resiliente. Había salido victoriosa de una de las batallas más duras que me ofreció la vida, la cual hoy agradezco infinitamente, ya que con ella se dio inicio a un proceso de transformación personal muy profundo.

¿Por qué no? Si ya estaba claro que yo podía ayudar a muchas mujeres en sus procesos de migración e integración. Si lo mío claramente está en el campo de las relaciones humanas. Si no hay nada que me apasione más en este mundo que ayudar a otros a través de mi experiencia de vida.

Sí, me estaban sobrando razones como para no aventurarme a crear SER FELIZ EN ALEMANIA y así ayudar concretamente a las mujeres de habla hispana que tuvieran el deseo de abrirse a una nueva perspectiva respecto a su experiencia migratoria, que estuvieran dispuestas a correrse del rol de víctima, a trascender sus creencias limitantes y hacer de esta experiencia una bien positiva y enriquecedora, ganando autoconfianza y aumentando su dosis de felicidad en el camino.

Emprender, crear un proyecto desde cero y hacerlo realidad, dar rienda suelta a la creatividad, apostar por aquello que sale desde lo más profundo de nuestro corazón. Todo ello da cuenta de la confianza que nos tenemos. De hecho, no puedo concebir el emprender si una buena cuota de autoconfianza.

Animarse con y a pesar del miedo

No quise ponerle presión económica a mi creación más preciada. Preferí dejar que mi emprendimiento fuera creciendo a su propio ritmo. Pero, al mismo tiempo, siempre estuve con los pies parados sobre la tierra, sabiendo que para vivir en este mundo material existen algunas cifras de Euros que no pueden obviarse. Por eso es que empecé este 2019 sabiendo que necesitaba generar ingresos adicionales para poder vivir conforme a mi nivel de vida deseado.

Mi mente traicionera me hacía pensar que la mejor solución era conseguirme un trabajo part-time. Me enfoqué en el área que más me gusta, donde tengo experiencia y mucho por ofrecer: hacer de la experiencia migratoria un proceso maravilloso y transformador. En febrero de este año me enteré que el Ministerio de migración e integración de la ciudad de Freiburg organizaba una serie de charlas abiertas al público. El tema me interesaba de por sí y me invitaba a participar. Al mismo tiempo, veía una oportunidad única para establecer contacto directo con personas que pudieran darme el trabajo de medio tiempo que estaba buscando.

Fui, participé y no perdí de vista en ningún momento a la directora del Ministerio. El encuentro llegaba a su final y mi hora de actuar no podía postergarse. Sostenía mi tarjetita entre mis manos transpiradas mientras mi ritmo cardíaco se aceleraba. Me preguntaba quién era yo para hacer esto, qué le podía interesar a esa mujer mi proyecto, si en verdad tenía sentido aventurarme y hacer el ridículo. Me repetí a mí misma lo que muchas veces le recuerdo a las mujeres que acuden a mi programa de mentoría: “No hay nada por perder, el no ya lo tenés, probá que no pasa nada.”

Cuando la banda de música daba por concluida su función, me acerqué a la directora, me presenté y le ofrecí mi tarjeta personal al tiempo que resumía en una frase todooooo lo que hago y lo que significa para mí SER FELIZ EN ALEMANIA. Rematé diciendo: pienso que a usted le puede ser útil lo que yo tengo para ofrecer (en alemán, claro!). –“Escríbame un mail”, respondió.

Me tomé unos días para escribir el mail. Actualicé mi CV y redacté SOLITA (aún no me lo creo!) un Anschreiben (carta de presentación) muy poco convencional. No podía dejar de sentirme algo caradura contándole a la directora del Amt (Ministerio) sobre mi punto de vista respecto a la integración. En la carta le hablaba sobre felicidad, le contaba que somos muchas las personas que hemos sufrido una herida grave en nuestra autoestima al emigrar, narraba en parte mi historia y la historia de muchas mujeres con las que había trabajado, hacía hincapié en el amor propio y la autoconfianza, y le explicaba por qué esos eran los pilares de mi trabajo para transformar positivamente la experiencia migratoria.

Al día siguiente recibí una respuesta, no de la directora, sino del jefe del departamento de integración: Ihre vielfältigen beruflichen und ehrenamtlichen Erfahrungen, Ihre Qualifikation und Ihre positive und pragmatische Grundhaltung, die aus Ihrem Motivationsschreiben ersichtlich wird, sind sehr beeindruckend“.

¿Vieron que los alemanes también pueden ser muy expresivos cuando quieren? Aún recuerdo la cara de emoción de mi amiga alemana (mi Mitbewohnerin en ese momento). No lo podía creer; llamó a su novio y le mostró el mail. Me dijo que no era común que me respondieran así de un Amt. Tuve una sonrisa pintada en la cara durante varios días 🙂 

En el mail también me aclaraban que no tenían ningún puesto disponible para mí en ese momento pero que mi perfil les interesaba mucho, sobre todo para un proyecto orientado a mujeres inmigrantes que buscan insertarse en el mercado laboral, y por eso mismo me invitaban a continuar conversando al respecto personalmente.

Esa invitación sin fecha concreta fue eterna para mí. Pasaban las semanas y nada. Comencé a creer que se habían olvidado de mí y de la invitación que me habían hecho. Volvieron las dudas, los miedos, las suposiciones sin sentido. Hasta que un buen día tomé coraje y envié un mail con una intención muy clara: sacarme la duda de si ésta era una oportunidad laboral para mí o no. Si me invitaban a una entrevista, quería saber día, hora y lugar. Y vaya sorpresa, en 48 hs tenía un Termin, yeahhhhhh! La vida nos demuestra una y otra vez que preguntar nunca está demás!

Cómo se siente enfrentar una situación desafiante con consciencia y serenidad

Esta vez no se trataba de un miedo aterrador sino más bien de un cosquilleo, de hacerme consciente de la adrenalina corriendo por mi cuerpo, de una oportunidad linda y grande que tenía frente a mí, pero sabiéndome parada desde otro lugar.

En la entrevista había 3 personas (todos alemanes): el jefe del departamento de integración, la responsable del trabajo con refugiados y la coordinadora del proyecto para mujeres inmigrantes del que me habían hablado en el mail. Me dejaron hablar, me escucharon y se sintió muy muy bien. Mi objetivo de máxima era que crearan un nuevo puesto de trabajo para mí (para soñar nunca hay límites, jeje). Ellos más bien intentaban ver cómo podían sumarme dentro de los proyectos que ya estaban en marcha (y sí, tiene más lógica!)

Admito que ese día estaba encendida, incluso algo soberbia también. Todo el dolor que había experimentado durante mis primeros años en Alemania buscaba de algún modo resarcimiento y me llevaba a alzar mi voz haciéndoles ver cuán importante era que estos proyectos estén a cargo de personas que hayan vivido en primera persona esta experiencia.

Salí satisfecha de la reunión, pero me quedaba una especie de sabor amargo al caer en la cuenta de que eso de que me crearan un puesto de trabajo a mi medida era muy poco realista. Meses más tarde recién comprendería que ese “NO” era otra bendición en mi vida, un verdadero “SÍ” a mi capacidad de realizarme de manera independiente.

Volvió la espera, la incertidumbre. ¿Se habrán arrepentido? (Cómo somos, eh!? Imposible no pensarlo!) Semanas más tarde una nueva cita, ahora ya sólo con las coordinadoras del programa orientado a mujeres inmigrantes, donde evaluaríamos la posibilidad de que yo ofrezca un Workshop dentro de su proyecto. Me preparé unos días antes, tenía unas cuantas ideas claras para transmitir, llegué temprano a la cita, fui al baño, me paré frente al espejo, hice la pose de la “Wonderwoman” y entré con todo. Esta vez sí puedo decir que “la rompí.” Iba por un Workshop y me vine con 5, y con un acuerdo de honorarios que superaba mis expectativas.

En la reunión siguiente les presenté un bosquejo de lo que quería trabajar con las mujeres y les encantó. Luego de ofrecer mi primer Workshop en alemán, una de las coordinadoras del programa le escribió a la directora sobre mi desempeño diciendo que yo era un “Hauptgewinn”. Puede que esté aprovechando para “tirarme flores”, sepan entender, durante muchos años no pude hacerlo; y ahora se bien que el hecho de compartir nuestros logros es fuente de inspiración para que muchas otras se animen también a ir por los suyos. Además, las mujeres que trabajan conmigo me hacen tener siempre presente que no existe mejor prueba de integridad que el hecho de predicar con el ejemplo.

El poder de la intención

Al día de hoy puedo decir que este trabajo con mujeres que han llegado hasta Alemania desde los 5 continentes de este planeta Tierra es una de las experiencias personales y profesionales más enriquecedoras de mi vida. Es un desafío y un aprendizaje constante, pero uno a mi medida, uno que yo elijo, y uno que definitivamente estoy disfrutando un montón.

No fue sino una vez llevado a cabo mi primer Workshop en alemán que caí en la cuenta de que mi intención al comenzar el año se había hecho realidad: “Encuentro un trabajo alineado con mi ser, donde reina la armonía, donde puedo expresar todo mi potencial y soy remunerada de manera que se sienta bien.”

En mi programa de mentoría más que con objetivos trabajamos con una intención única que nos guía en el proceso. Ese deseo que viene desde lo más profundo de nuestro ser y que ahora nos disponemos a escuchar. Trabajamos en profundidad la autoconfianza, porque claro está, que cuando somos capaces de creer bien bien bien fuerte en nosotras mismas, podemos lograrlo todo.

Me animo y te animo a desafiarnos, a soportar la incertidumbre, a ser pacientes, a accionar a pesar de todos los miedos; a preguntar, llamar, contactar y pedir ayuda siempre que lo necesitemos; a confiar en nuestra intuición y a dar pasos firmes con la certeza de que todo aquello que anhelan nuestras almas, llegará, y lo que no, es porque no debía ser. No nos aferremos a metas rígidas. Hagamos nuestra parte, invirtamos nuestro tiempo y nuestra energía en todo aquello que está en nuestras manos y soltemos el resto. Animémonos y dejémonos sorprender gratamente por la vida.

Con amor, Gabriela

3 comentarios

  1. Hola Gabriela, muchas gracias por este texto tan lindo y tan inspirador! Llega a mí en el momento preciso, en donde tras estar viviendo casi un año en Alemania no tengo muchas cosas claras. La incertidumbre de no saber si podré ejercer mi profesión, el miedo de que el tiempo pasa y sigo teniendo mil cosas que resolver sin ver siquiera una pequeña ventanita de oportunidad, y la presión de que las personas en mi país me dicen que vivir en Alemania y conseguir empleo es facilísimo, cuando a mi me ha parecido el reto más grande que he enfrentado hasta ahora, me dejan muchas veces sin fuerzas para seguir intentandolo.
    Gracias, porque me das esperanzas de pensar que en unos años yo podré sentirme tan realizada y feliz como tú

    1. Querida Ana María,
      Muchas gracias por tu mensaje, por compartir tu situación y por llenarte de energía esperanzadora 🙂

      Te entiendo muy bien. Claro que es un gran reto. La incertidumbre nos acompaña una y otra vez por estas tierras, nos incomoda, nos desafía y nos presenta un maravilloso aprendizaje: vivir con ella, y ser felices a pesar de no tener certezas.

      Deseo que te llenes de fuerzas, ya no para luchar, sino para fluir con lo que te presenta la vida en Alemania.
      Deseo que tus sueños de realización y felicidad lleguen mucho antes de lo imaginado.
      Deseo que a través de esta experiencia desafiante te encuentres con tu verdadera esencia y brilles como nunca antes lo habías hecho.

      Te abrazo fuerte y estoy para ti cuando quieras,
      Gabriela

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