El desafío más grande

Cómo y cuándo comienza el verdadero reto

Aprender alemán puede resultar agotador por momentos, lo se. Sin embargo, mientras estemos rodeadas de otros seres que no hablan alemán como lengua madre, desempañando el rol de “alumnas-aprendices” y practicando el idioma alemán encerradas en cuatro paredes, no nos estamos enfrentando aún al “gran desafío”.

Insertarnos en el sistema laboral alemán es un verdadero reto, probablemente de los más temidos. ¿Cómo me va a resultar hablar alemán con los alemanes en el trabajo, a su ritmo, con fluidez? ¿Podré demostrar que sí soy buena en lo mío? ¿Serán valoradas mis capacidades profesionales más allá de la cuestión idiomática? ¿Estaré a la altura de las circunstancias?

Tenía tanto tanto miedo que ni siquiera podía imaginarlo. Estaba convencida que había venido a Alemania a hacer un estudio de posgrado y aunque mi profesión (psicopedagoga) aquí directamente no existe como tal y, por lo tanto, no encuentra homologación alguna, yo insistía en entrar a la Universidad y peleaba por mi lugar en el master. Prácticamente desde la Universidad me enviaron a trabajar y medio que me estaba quedando sin excusas para no dar el gran salto.

La asesoría que recibí en la oficina de empleo estatal no me ayudó demasiado. Me sugerían trabajar como educadora infantil (Erzieherin) y luego cuando me postulaba con esa intención recibía un Absage aclarando que estaba sobrecualificada para el puesto.

No sabía bien qué quería y qué podría llegar a hacer aquí profesionalmente, pero de algo estaba segura, eso de que existen “trabajos para locales” y “trabajos para inmigrantes” conmigo no aplicaba. En esa época mi lucha parecía llevar más bien la bandera del “voy a hacer valer mis títulos universitarios y mi experiencia laboral.”

Y bien sabemos que cuando estamos claras con nuestra intención y accionamos consecuentemente, damos lugar a la manifestación. No me demoré mucho en encontrar un aviso en un diario donde buscaban una persona para “Schulbegleitung” (integración escolar), campo en el que yo ya contaba con experiencia profesional.

Autoconfianza baja, pretensiones bajas

En la entrevista de trabajo estaba muy preocupada por “dar una buena impresión”. Mi misión claramente era conseguir ese puesto, más que interiorizarme en lo que tenían para ofrecerme y evaluar con consciencia si yo realmente quería ese trabajo o no. Cuando una no se siente lo suficientemente valiosa y confiada, tiende a pensar que lo mejor que te puede ocurrir es que te den ese puesto, en lugar de concebirse a sí misma como un regalo para la empresa empleadora.

“Que no se den cuenta que no entiendo todo lo que dicen, que no me pregunten cosas que no se, que, que…” pensaba, al tiempo que a todo respondía SÍ. Este sería el sueldo bruto, este sería el lugar de trabajo, esta su labor, esta la modalidad de la empresa… Yo a todo decía que sí. ¡No sea cosa que se arrepientan y le den el puesto a otro/a!ue

Mi primer trabajo en Alemania fue efectivamente como integradora escolar (Schulbegleiterin) asistiendo a un adolescente con trastorno del espectro autista en una escuela de nivel medio (Realschule).  Viajaba casi dos horas para llegar a la escuela (tranvía + tren + tren + 1 km a pie) porque en la entrevista no había entendido el nombre de la ciudad y no me había animado a preguntar. Pero sí recuerdo que habían hecho hincapié en el tema del auto y recién ahora podía comprender por qué.

Por un lado, sentía esa sensación tan bonita dentro mío de haberlo logrado, de poder finalmente ingresar al mercado laboral alemán como profesional. ¿Acaso desempeñarme profesionalmente no era todo lo que me faltaba para ser feliz en Alemania? ¡Quatsch!

Por otro lado, la estaba pasando mal. Con el adolescente no estaba pudiendo entablar una relación que por lo menos me permitiera sentirme cómoda. Me sentía menospreciada y maltratada. Era la primera Schulbegleiterin dentro de esa escuela y varios profesores se mostraban reticentes a aceptar mi presencia en su hora de clase.

En las pausas prefería estar sola. No encontraba un sitio para dejar mis cosas. Prefería hablar con los adolescentes antes que con los adultos. Cuando viajaba en el tren con colegas del colegio, me lamentaba frente a la situación de que ellos iban juntos conversando y yo sola. Por esa época el rol de víctima me calzaba como anillo al dedo.

No fueron pocos los días que salí de mi trabajo y rompí en llanto. ¿Era esto lo que tanto anhelaba? ¿Qué hago aquí pasándola tan mal? Y luego me auto-consolaba: «No te quejes Gabriela, estás trabajando en Alemania como profesional, lograste el desafío más grande.»

Estar “suficientemente preparada” es una ilusión

La vida me presentó una bella oportunidad para salir de ahí de la mejor manera: Resulta que la familia de este adolescente con el que trabajaba se mudada a otra ciudad (otro Bundesland también, o sea, bien lejos) y mientras se decidía cuál sería mi próximo caso de Schulbegleitung, mi jefa me proponía paralelamente desempeñarme como asistente familiar (Sozialpädagogische Familienhelferin).

Misma jefa, mismo empleador. Nuevo trabajo, nuevos compañeros, nuevas tareas. NUEVOS DESAFÍOS!!

Podría haberme quedado en el campo del Schulbegleitung pensando: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. “Este trabajo ya lo dominás Gabriela, no te quejés, seguí y dejate de joder.” Pero no, me di un voto de confianza y me animé a adentrarme en un campo laboral del que no tenía ningún tipo de referencia en mi país de origen y a desempeñarme en un nuevo rol profesional sin ningún tipo de formación adicional.

Tenía tanto por aprender. Me sentía abrumada. Pero al mismo tiempo me resultaba un desafío más que interesante.

Aún recuerdo mi primer día en la reunión con el equipo completo. El 80% de mis compañeros hablaba dialecto. Sentía que nada de todos los cursos de alemán que había hecho hasta el momento podría ayudarme. No estaba pudiendo seguir la conversación. Tengo el defecto (o la virtud, según quién lo mire) de expresar con mi cuerpo mis emociones de manera natural, no puedo evitarlo, se me nota. Y mi jefa se dio cuenta de inmediato. “¿Podemos hablar Hochdeutsch?”, propuso amorosamente en la ronda. El intento duró algunos minutos, luego continuaron hablando dialecto. Con el tiempo aprendí un poco de dialecto yo también, y así fue disminuyendo el nivel de estrés antes de comenzar cada reunión.

El desafío más temido pasó a ser ahora escribir el protocolo de la reunión de equipo. Unas 30 personas hablando + 3 horas y media de duración + alemán con dialecto = misión imposible. Pero como sabemos que lo imposible sólo existe en nuestra mente, también escribí mi protocolo, el que fue aprobado y felicitado. Y luego, unos cuantos más. Años más tarde mi psicóloga se horrorizaría frente a ese hecho. «¿Cómo no les pediste que te eximan de esa tarea?», me decía, entendiendo perfectamente el grado de complejidad que representaba esa labor.

En mi trabajo hice de todo. Escribí informes regularmente de cada familia a mi cargo para el Ministerio de la Infancia. Tuve entrevistas en instituciones de salud, educativas y judiciales. Asistí a una mujer en un parto. Oficié de traductora en situaciones de lo más diversas. Acompañé a mujeres provenientes de diferentes culturas en sus procesos de crianza e integración. Trabajé en centros de refugiados. Aprendí las tradiciones menos imaginadas y celebré junto a las familias que asistía de formas más que inusuales.

Nunca me sentí lo suficientemente preparada para hacer nada de lo que ya estaba haciendo. Pero lo hacía. Daba un paso tras otro. Y ese sea quizás mi mayor logro en esta historia. Aún con la poca consciencia con la que he atravesado mi experiencia migratoria en Tierras germanas, en ese punto tenía claridad: la autoconfianza se gana por medio de la acción. Debía hacerlo aunque no me sintiera lista. Y la vida se ha encargado de demostrarme una y otra vez que en verdad sí podía.

Durante varios años sorteaba cada nuevo desafío en el área laboral con una alta dosis de estrés, miedo y angustia. No podía dejar de pensar que trabajando en el área psico-socio-pedagógica mi alemán debería ser perfecto. Sentía que tenía que esforzarme mucho más que mis colegas alemanes para poder demostrar un desempeño aceptable.

Valoración y disfrute

Pese a todo continuaba y, poco a poco, podía ver cómo mi trabajo era valorado. Mi jefa no fue la única en notar rápidamente que yo conectaba muy bien con las familias inmigrantes. Podía entablar relaciones de confianza que nos permitían llevar a cabo el trabajo propuesto de manera más rápida, amena y efectiva.

Además de mi capacidad empática y mis competencias interculturales, mi propia lengua materna jugó un papel fundamental al aparecer una familia peruana que necesitaba asistencia. ¡Ahora sí se ponía lindo esto! Con algunas familias hablaba en alemán, con otras en inglés, con otras en español y sólo me faltaba que me asignaran una italiana para cantar BINGOOOO ¡Todos mis idiomas puestos en acción!

¿Cómo cambian las cosas, no? Un día te lamentás por no hablar perfecto alemán, pensás que tu lengua materna es una desventaja a la hora de buscar trabajo, y al otro día pasás a ser “la elegida” justamente por esa misma razón, por hablar otros idiomas.

Puedo decir que logré disfrutar mi trabajo. Atendía el teléfono con relativa naturalidad, podía escribir un informe en un par de horas y participaba activamente en las reuniones de equipo. Me sentía cada vez más cómoda y confiada en mi rol y, al mismo tiempo, no me imaginaba toda la vida como empleada, trabajando para un tercero. Mi espíritu emprendedor se hacía cada vez más fuerte y empezaba a soñar con SER FELIZ EN ALEMANIA.

Finalmente renuncié. Mi jefa alemana me abrazó y lloró. Me ofrecieron una licencia por un año y la rechacé. Me fui de viaje 3 meses a Asia y empecé a envisionar mi nueva vida.

Me animé una vez más. Salté al vacío. Aposté. Y la historia que sigue es un poco larga, se las cuento la próxima, pero esa historia comienza ya con una buena dosis de autoconfianza, por eso es una historia bien diferente.

Ejercicio de reflexión a modo de despedida

No quiero despedirme sin antes hacer hincapié en una cuestión que me parece muuuuy importante, que yo aprendí muy muy muy tarde y que quizás vos también estás pasando por alto. Y se trata, nada más y nada menos, de valorar el proceso, reconocer cada paso, celebrar los pequeños logros cotidianos, ¿te suena? La verdad es que si no somos capaces de reconocernos en el proceso, si la mirada está puesta únicamente en la meta y los pasos intermedios no tienen valor, entonces la insatisfacción está garantizada.

Te soy sincera. Creo que hoy estoy enumerando por primera vez algunos de mis logros en el campo profesional. Hoy puedo hacerlo con naturalidad. Pero me hubiera encantado poder haberlo hecho antes cuando más lo necesitaba. Yo no podía. Y nadie me lo recordó tampoco. Por eso es que me pongo firme en esto. Porque es de verdad necesario.

¿Cómo pretendés sentirte segura y confiada si no podés darle valor a tus logros? ¿Cómo no te va a parecer imposible el objetivo que te proponés si estás obviando los pasos intermedios?

Nos cuesta, nos cuesta un montón reconocer nuestros avances, aplaudirnos, premiarnos. Nos cuesta hacernos cargo de nuestros dones y talentos. Nos cuesta hablarnos bonito. Nos cuesta expresar con naturalidad nuestras capacidades. Y, en consecuencia, nos cuesta mucho más alimentar nuestra autoconfianza.

Empezá hoy, mirá hacia atrás y hacé una lista de todo lo que has logrado. Anotalo todo, todo, todo. Todo aquello que en su momento te parecía imposible y hoy son metas logradas. Elegí una, la que más satisfacción te haya producido, ¿recordás cómo te sentiste? ¿Qué emociones experimentaste al alcanzar esa meta tan soñada? ¿Estás lista para vivir muchas más de esas emociones?

Estoy aquí para acompañarte a reconectar con la mujer fuerte, segura y confiada que anida en tu interior. Y para recordarte una y mil veces que hasta el desafío más grande puede ser superado (y disfrutado) con una buena dosis de amor propio y autoconfianza.

Con amor, Gabriela

18 Comentarios

  1. Querida Gabi! He disfrutado cada párrafo de tu historia y me he sentido muy identificada con muchos momentos y desafíos por los que pasaste. Eres una mujer admirable y me encanta que hayas evolucionado y desarrollado tu conciencia al grado de darte cuenta de que la Autoconfianza surge de la acción, de atrevernos, de hacer las cosas en un acto de fe en el que también abrazamos los miedos. Además, es un pilar fundamental para que tengamos éxito tanto en lo profesional, como en lo personal. Admiro tu labor, que llevas a cabo con tanto amor, y celebro que nuestros caminos se hayan cruzado en la realización de nuestra misión. Te abrazo fuerte!!

    1. Ale querida, me emocionás siempre, una y otra vez.
      Me inspirás, me invitás a crecer.
      Agradezco infinitamente que te hayas cruzado en mi camino, que coincidamos en nuestra concepción de la autoconfianza y en tanto más, para así construir juntas y llevar a cabo nuestra misión de manera expansiva.
      Gracias por ser y estar 🙂

  2. Gabri, muchas gracias por haber escrito esas palabras. Puedo mirar un pedazo de mi en tus historias y desafíos! Y…me haces sentir menos solas y «humana «:)
    Tu proyecto es hermoso, sigues así!

    1. Chiara bella, qué lindo leerte por aquí 🙂
      Nuestras historias se tocan una y otra vez. Compartimos los mismos desafíos y más también. No estamos solas, nos pasa a todas: los miedos, las inseguridades, la falta de confianza.. Tenemos que entender que es normal, que es parte del proceso y que por eso estamos aquí, para apoyarnos unas a otras, motivarnos y fortalecernos.
      Te quiero!!
      Abrazo enorme, Gabi

  3. Gabriela
    Me
    Parece fantástico tu relato, cada situación que viviste, son procesos muy fuertes y de maduración rápida, no tienes alternativa, son procesos de stress permanente hasta que te das cuenta que todo es bastante
    Mas
    Simple y es cuando pierdes
    El miedo. Te
    Felicito espero la segunda parte!! Un abrazo

    1. Querida Edith, qué lindo que hayas podido conectar así con este relato.
      Coincido con tu parecer, se trata de procesos fuertes, que nos generan mucho estrés si no contamos con el apoyo y las herramientas necesarias para poder manejarlos.
      Nos volvemos a encontrar en la segunda parte de la historia.
      Un fuerte abrazo, Gabriela

      1. Hola, gracias por compartir tu historia, llegué este año a vivir a Alemania con un hijo de 4 años, él tiene autismo, de inmediato lo admitieron en un kindet Garten público, el ayuntamiento nos hizo firmar un contrato en el que de 7 am a 1 pm tendría una maestra monitora exclusiva para él, sin embargo, después de esperar meses a que la contrataran nos decían que no lo lleváramos varios días a la semana o que lo recogieramos a las 11 am, ahora que su maestra llegó y coincidió con la renuncia de otra maestra resulta que la directora nos salió con que utilizarían el tiempo de la maestra de mi hijo para todos los demás niños y que mi hijo seguiría saliendo 11 am, me siento impotente porque no quiero una guardería sino que su maestra se dedique exclusivamente a el tal como dice nuestro contrato y lo ayude a escolarizarse, no me quiero ver problemática pero tendrás algún consejo? De antemano gracias.

        1. Querida Lidia,
          Gracias por tu mensaje y por compartir tu situación.
          El tema que planteás está por fuera de mi campo de intervención.

          Sin embargo, me animo a comentarte que el hecho de poder hacer realidad este acuerdo (y con ello recibir la asistencia tan importante y más que necesaria que requiere tu hijo) también está relacionado con la autoconfianza. En este caso, con la tuya!
          Si vos te sentís merecedora de recibir esa asistencia personalizada para tu hijo, estoy segura que encontrarás los medios para que llegue a él. No hay acuerdos, contratos ni ningún tipo de burocracia que pueda detenerte. Golpeá todas las puertas que sean necesarias!
          Algunas sugerencias: Jugendamt, Erziehungsberatung, Migrationsberatung, DRK, Caritas.

          Te abrazo fuerte y te acompaño en tu camino,
          Gabriela

  4. felicidades Gabriela, hoy también puedo decir que soy feliz en Alemania, realizada profesional y personalmente. Me parece muy importante tu trabajo al ayudar a otras mujeres en el proceso de integración que no es fácil conseguirlo sin apoyo. Saludos desde Freiburg

    1. Querida Ana, muchas gracias por tu mensaje 🙂
      Cuánto me alegra saber que así estás viviendo tu experiencia en Tierras germanas, feliz y realizada!!
      Si tenés alguna sugerencia para compartir con la comunidad de mujeres hispanohablantes para que puedan llegar a sentirse así también, es más que bienvenida. Estoy muy curiosa por conocer tu historia.
      Un fuerte abrazo, Gabriela

  5. Hola Gabriela, me ha encantado tu historia.

    Gracias por abrirte y compartirla con todas las que más de una vez nos hemos sentido como tú.

    Sin duda, coincido en que la clave del éxito está en darnos ese voto de confianza. Atrevernos a soñar con lo que realmente queremos e ir a por ello.

    Si nosotras mismas no somos capaces de creer en nuestras capacidades, difícilmente alguna otra persona lo hará.

    Desde aquí te animo a seguir por este camino y a apoyarnos unas a otras en el fantástico propósito de ser felices en Alemania 💛.

    Un abrazo,
    Ana

    1. Muchas gracias Ana ❤︎
      Así es. Ese voto de confianza es clave! Por eso nunca me voy a cansar de insistir en trabajar de adentro hacia afuera, empezando siempre por cultivar el amor propio y la autoconfianza.
      Gracias una vez más. Cada palabra de gratitud y aliento es un mimo al alma, que renueva las ganas de compartir toda mi experiencia y ayudar más y más.

      Te abrazo fuerte, Gabriela

      1. Hola Gabriela, aqui va un resumen de mi historia y algunos consejos:
        Llegue a Alemania hace 13 años sin saber alemán con un doctorado y muy enamorada. En mis primeros anos trabajando como investigadora a tiempo completo tenia estabilidad laboral, varias publicaciones y un futuro profesional promisorio. Solo que mi objetivo principal siempre fue formar una familia con 2 o 3 ninos y éste sueno no podia seguir postergandolo.
        Disfrute de mi “Elternzeit” al máximo, pero ya no podia seguir pensando en MI futuro egoistamente. No queria y no podia regresar al ritmo de trabajo de antes de la maternidad que no tenia horas fijas e incluía a veces los fines de semana.
        Fue entonces que intenté otras opciones en mi misma profesion, trabajando algunas horas por semana en puestos para los que estaba muy cualificada, pero estaban relacionados a “lo mio” y me permitieron mejorar mi nivel de alemán y sobretodo ganar experiencia laboral. Con la llegada de mi hija tuve el lujo de dedicarme otro ano completamente a mis nenes.
        Cuando la mas pequena tenia 15 meses, encontre finalmente un puesto que cubria mis expectativas y a la altura de mis cualificaciones sólo que el salario era menor que el correspondido porque no podia cumplir al 100 % las demandas exigidas. Trabajaba solo 25 horas por semana y era una área completamente nueva para mi. Luego de 3 anos se presentó la posibilidad de asumir una de las dos jefaturas en mi grupo de trabajo y la acepté con ciertas dudas porque tenia que aumentar mis horas de trabajo, pero ésta vez con un sueldo de acuerdo a mi cualificaciones y con la seguridad que al cumplir mis horas no tenia que llevarme trabajo para casa y asi podia dedicar tiempo a mi familia.
        Hoy, tengo a mi cargo un equipo de 10 personas (todos alemanes!), entrevisto y escojo al personal rotante. Represento a mi equipo dentro y fuera de la institución, soluciono los problemas y los conflictos, colaboro en proyectos de investigación y formación práctica de estudiantes. Y claro aun me falta mucho por aprender.
        Los consejos que podria dar los enumero segun prioridades:
        1. Aprender el alemán e integrarse a la cultura alemana. Ambos procesos no tienen fin para quien no ha nacido en este país, encuentrale el placer y verás que las ventajas que nos ofrece este pais son mayores que las desventajas .
        2. Es imprescindible tener a tu lado alguien que te motive, te empodere, de preferencia tu pareja como lo fue en mi caso o en su defecto alguien que haya pasado por lo mismo ya sea una amiga o un coach.
        3. Si es necesario comenzar profesionalmente desde abajo a pesar de tus masters y doctorados que no sea un impedimento para tu desarrollo. Es necesario ganar experiencia y demostrar tu potencial a los demas para poder tener éxito.
        4. No compararte con nadie, y pensar que el otro lo tiene mas fácil o es mejor que tú porque nacio o estudio en la EU. Aqui juega un papel fundamental la autoconfianza.
        5. Y por ultimo, mi «mitgefuhl» va para las mamas, pues la vida se complica con niños. Y más aún lejos de nuestros paises ya que nos toca criar sin nuestra «tribu». Y si para las alemanas ya es dificil reintegrarse al trabajo despues de la maternidad pues para nosotras aún más. Mi consejo seria que consideren las facilidades de trabajar a tiempo parcial, es igual si minijob o 30% o más, lo importante es tener una actividad que te motive, que te saque de la casa y de la rutina. Una actividad de preferencia que se relacione con tu profesión o con lo que has aprendido en nuestros paises de origen. Y si no encontramos nada compatible , entonces reinventarse es la solución, que en Alemania no hay límite de edad ni de cultura para comenzar de nuevo.
        Saludos
        Ana

        1. Querida Ana,
          Wowwwwwwww Qué historia!! Cuántas experiencias de vida!!
          Gracias por compartirlas desde el amor, con sugerencias atinadas y valiosas para muchas otras mujeres 🙂

          Aprecio tu valentía, tu capacidad de adaptación, de reinvención y de buscar nuevas posibilidades a cada momento. Habla de una gran apertura y, sin duda, de una buena dosis de autoconfianza también. Sos inspiración para esta comunidad!

          El último punto en relación a la maternidad, si bien no aplica a mi experiencia personal, es algo que me mueve mucho internamente y donde noto una gran necesidad. Por eso este año me animo a ofrecer un taller exclusivo para mamás con una profesional experta en el tema. El 28.09 se viene MÁS QUE MAMÁS!! Ojalá podamos conocernos personalmente por allí.

          Te abrazo fuerte,
          Gabriela

  6. Hola Gabriela, recién encontré tu Blog y me encanta todo lo que leo, me encanta como piensas, tus valores como persona y el como transmites tu mensaje. Es hermoso encontrarse por el mundo con gente como tú.

    Me da muchísimo gusto que eres de las personas que ven y promueven ver los frutos a través del proceso, y no esperar hasta la «meta final» porque la verdad es que hay que disfrutar y amar el proceso, el día a día, el estar conscientes de que hoy es todo lo que tenemos hoy, y que paso a paso es como se alcanzan objetivos, pero que no debes esperar a cumplir o alcanzar algo para ser feliz, si no que se puede disfrutar y ser feliz en el camino, viviendo el proceso, teniendo amor por una misma, siendo buenas con nosotras mismas.

    Enhorabuena Gabriela, te mando un abrazo fuerte, me da mucho gusto haberte encontrado por aquí.

    – Alma.

    1. Querida Alma, el gusto es mío!
      Gracias por estas bellas y sentidas palabras 💖

      Durante mucho tiempo estuve mirando la meta final sin poder reconocerme en el proceso, lo cual me ha causado mucho dolor. Y puedo asegurar que vivir y disfrutar el camino con plenitud lo cambia todo!

      Un abrazo enorme,
      Gabriela

  7. Que linda tu historia querida Gabi. Sonará cliché y a veces yo misma lo dudo pero todo pasa por algo. La vida sola nos lo va mostrando. Que bendición tenerte en mi vida y que hoy día ayudes a otras mujeres a Ser felices en Alemania.

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